Al pasar de los años. Relato de Stephanie Al pasar de los años. Relato de Stephanie

El pasar de los años

La verdad, tengo que reconocer que pasé unos días estupendos con Victoria en aquella bodega.

Victoria era mi vecina, y a su avanzada edad era una experta encontrando actividades y chollos por Internet. La semana pasada llegó aporreando mi puerta, diciéndome que había reservado un fabuloso plan el cual no podía rechazar.Lo cierto es que desde la muerte de Víctor, no tenía ganas de hacer nada pero me esforzaba por agradar a los que estaban a mi alrededor.

¡Venga anímate! ¡Desconectaremos un poco! ¡Nos vendrá genial! Alcé la vista y pregunté, ¿no crees que somos demasiado viejas para esto? Que va tonta, nosotras tenemos nuestros años pero somos como el buen vino. Miré a Victoria y con resignación acepté su propuesta. No me atreví a fastidiar su plan, pero aunque llevaba más de veinte años sin volver por allí, conocía ese lugar como la palma de mi mano. Aquel fue mi refugio vacacional durante toda mi infancia y es más, me atrevería a presagiar que la bodega que íbamos a visitar sería la de Emilio, él y yo nos conocíamos desde la niñez y fue mi amor de juventud. Supe que había tenido tres hijos y que eran ellos los encargados de llevar la empresa familiar. 

Durante el viaje recordé a los amores de mi vida; Emilio mi primer amor, Víctor el que fue mi marido, mi alma gemela y mi compañero de vida, sin embargo no puedo evitar que se me escape una sonrisa al recordar a Valentín, se estaba quedando ciego pero aún así, me doblaba en energía y vitalidad. 

¡Vamos, estamos llegando! Percibí el olor de la tierra mojada, de los viñedos... 

Efectivamente uno de los hijos de Emilio nos guió en la visita, nos explicó cómo su padre levantó las bodegas, nos mostró el hotel desde el que se veían los majestuosos viñedos y finalmente con una copa de vino nos enseño cómo apreciar y disfrutar de una buena cata.

“Pipipiiií, pii, piiiii,…” Sonó el despertador. Sobresaltada me di cuenta que estaba de vuelta en casa y recordé mi cita diaria con Valentín. Era lo más parecido al amor que me quedaba. Me lavé la cara, me puse lo primero que encontré y fui de manera apresurada hacia la puerta, Valentín ya estaba esperándome. Cogí las llaves, cerré la puerta, sujeté con firmeza la correa y salí a disfrutar de mi paseo con Valentín, mi fiel compañero Valentín. 

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