Relato de José Carlos Relato de José Carlos

Macerando el amor en barricas de piel

No sé cuánto tiempo podía llevar con la mirada perdida, las pupilas clavadas en el vacio, y el blanco de los ojos comenzando a entubiarse. La presión en el cuello de estos dias atrás, incesante. Un profundo dolor en el pecho y el cuerpo desplomado sobre el sofá del salón, cada vez más oscuro.

Mudo, incapaz de articular palabra, de contestar a la lágrima que resbalaba por el rostro límpido y blanco de ella. Ansiaba decirla tantas cosas. Deseaba tanto estrecharla entre sus brazos, sellar sus labios de palabras duras e hirientes como filo de cuchillos, en un beso eterno como el tiempo.

Y sin embargo, permanecía inmovil. Pétreo.

¿Contestar? ¿A qué?

Si no era posible trasladar el vacio que sentía en mi interior. La innumerable cantidad de lágrimas internas que vertía al estar sin ella. La irrefrenable sensación de tristeza que albergaba en la incapacidad para demostrar cuanto la queria. 

La voz de ella continuaba en segundo plano. Su copa entre las manos. El vino menguando al tiempo que sus labios se tornaban cada vez más de su color rojo intenso. El color de sus mejillas, ahora un tanto sonrosadas, sus ojos brillantes, destilando vida, y el botón de su camisa desabrochado, dejando ver de forma leve el principio de su largo cuello.

Incorporé mi cuerpo. Incorporé mi mente. Me hice con la copa que esperaba presta mi mano. Di un sorbo lento, profundo, intenso...disfruté del sabor de la fruta y la vainilla, respiré madera y libertad del campo.

Las palabras de ella se llegaron a primer plano. Mis musculos se tensaron, sonrei de lado. Recordé nuestro primer beso, cena de jovenes enamorados, alrededor de nuestra primera botella..

Recordé su caricia. Eché otro trago. Su voz se hizo dulce, vi su pelo, por mi mano derecha resbalando, y recordé una frase que la dije el primer dia que nos amamos:

"Euripides decía, que dónde no hay vino no puede haber amor. Lo dijo porque no pudo besar tus labios. Se habría dado cuenta que son puro vino, y amor"

Bebí de nuevo, bebió ella.

Sus ojos clavados en los mios. Mi pecho ahora acelerado, su boca en actitud de espera. Llevé mi mano izquierda a su cara. La acaricié suavemente y la besé, tierno, pausado, eterno...como el primer sorbo de un vino recién descorchado al ser catado, y me dejé llevar con ella en su interior.

"No puedo dejar de amarte, aún sigue habiendo vino, aun sigue habiendo vida, y tu labio unido al mio decantando gota a gota, forjando nuestros destinos, macerandose en barrica del roble de nuestros cuerpos en un abrazo continuo"

Me miró serena...y solo se oyó un suspiro

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